III. El SER HUMANO, MÁXIMA ENCARNACIÓN DE DIOS.

25 Abril 2008 a las 13:09 por Juan Luis Herrero del Pozo

Que Dios se hace carne en la creación es la idea básica del presente desarrollo sobre el nuevo paradigma. Dentro de la creación resta por ver algunos elementos constitutivos de ella : el ser humano, los grandes testigos de Dios, en especial Jesús de Nazaret, y la resurrección como consecución de la Plenitud a que está destinado todo ser humano por el hecho de serlo.

III.1  La emergencia del homo sapiens

Cuando en la inmensidad del universo y en lo dilatado de los siglos se topara un foráneo con un ser humano  quedaría alucinado por el portento que se le ofrece. ¡Qué presencia y energía creadora debió habitar el diminuto núcleo inicial (precedido de otros tal vez indefinidamente) que originó con el big bang el comienzo de todo como para alcanzar el grado de ser de ese “milagro” de un niño que nos hace extasiarnos y buscar más allá de él. Lo he dicho más de una vez, ante mi nieto juguetón mi impulso a duras penas reprimido sería caer de rodillas consciente de que transparenta al Indecible.

Todo trasparenta a Dios en la creación si se caen las escamas de los ojos. Cierto que muchos seres humanos, cualquiera de nosotros, lo cela igualmente con la porquería que acumulamos. No importa. La vista se puede hacer penetrante y más allá de la miseria física y moral de un borracho pordiosero en las escaleras de un Metro se acaba vislumbrando la grandeza que se esconde.

Oh, Dios, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? Ni más ni menos que un crucificado sanguinolento y asediado de desesperanza que está apunto de llenarse de luz y belleza en los brazos del Padre.

La evolución cósmica ha parido un cuasi-Dios. Al cabo de un milenario proceso de imperceptible perfeccionamiento, dejando atrás bifurcaciones miles en busca de la emergencia de lo más perfecto, las galaxias, los planetas menos inhóspitos, las primeras células vivas, los microorganismos de los océanos, y así de ‘salto’ en ‘salto’ evolutivo hasta unos primates           que se alzan en pie y en su cerebro se dibuja el rústico instrumento de un palo, en sus ojos apuntan unas lágrimas al morir un hijo junto al que entierra su manjar preferido para el camino; se dibuja una sonrisa furtivamente dirigida a un congénere con el que antiguamente se disputaba a dentelladas un manjar. Quedan siglos y avatares de evolución pero ha surgido una mente que se mira sorprendida a sí misma, se siente hacedora de su historia y, no sé cómo ni en qué momento, apuntan ciertas  preguntas todavía borrosas ¿Quién soy? ¿qué hago aquí? ¿para qué me afano? ¿de dónde vengo? ¿alguien me escucha cuando estalla el relámpago o amenaza el volcán?

¿Son éstas fantasías o aproximaciones a la emergencia de la mente inteligente?

III. 2    La mente, una chispa del Logos. El Logos se hizo carne.

Chispa del Logos es una metáfora, no tenemos otro lenguaje. Si cada criatura, carente de ultimidad de consistencia y sentido, apunta más allá de sí misma a un Fundamento Último de todo ser de quien es modesta e imperfecta transparencia, la mente del homo sapiens es el espejo más bruñído y revelador. A Dios no le ha visto nadie y nada se puede decir de él pero en el espejo creatural se manifiesta al menos cómo no es Dios aunque también en los rasgos de la imagen reflejada se vislumbra el Modelo. Y, dado que la consciencia percibe al Dador de sentido, se inicia un diálogo libre. El diálogo es esencialmente comunicación entre dos ‘logos’ que lo son aunque medie un abismo.

Es el modo más básico, radical, poderoso, fontal e insuperable  de ‘encarnación’ de Dios. Dios es Don y se entrega sin medida. No cabe  ninguna elección arbitraria, discriminatoria o excluyente vista la donación desde el lado de Dios.

El diálogo es comunicación pero ésta es posible porque la chispa del Logos habita la del ser humano haciéndolo ser. Y haciéndolo ser en su autonomía es como se le está comunicando en un Don sin medida que no se entrega a retazos sino en plenitud. Plenitud nunca deficiente (Dios no se arrepiente de su Alianza creadora), ilimitada en sí misma, sólo limitada por la apertura que le ofrezcemos.

La chispa creadora del Logos, simple y total en sí misma, no hace emerger un ser acabado sino esencialmente extendido en una evolución histórica. Es decir, la creación confiere (como Fundante no como Causa eficiente) la capacidad de desplegarse hasta el infinito: la evolución es “la apertura infinita de la conciencia y de la libertad” (Torres Queiruga). Es una trampa imaginativa pensar que la capacidad de evolución, tanto física como espiritual, está colgada de un surtidor de intervenciones de lo alto suvcesivas y calculadas. Ello sería volver a los viejos esquemas y olvidar el profundo sentido de la autonomía de lo creado a que nos abrió la ilustración.

(Una precaución para las personas de buena voluntad: cuando rechazamos el pensamiento mágico como destructor de la autonomía de lo creado, de ningún modo ponemos en tela de juicio la conciencia subjetiva que acierta en su relación con Dios pese a que el sustrato metafísico inconsciente de su percepción esté objetivamente equivocado)

En la literatura cristiana disponemos de una bellísima metáfora en el cuarto evangelio: el logos, la sabiduría de Dios, el ser inteligente de Dios se comunica desde la eclosión misma de todo ser, y por antonomasia al ser humano y así “El Verbo de Dios se hace carne y habita entre nosotros” (literalmente “planta su tienda entre nosotros”).

Es el modo germinal más radical de ‘encarnación’ de Dios, llamado a superarse sin medida. Dios es Don y se entrega sin cicatería. De nuevo la medida sólo adviene desde el receptor, desde la acogida que se presta al Don: “Estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre entraré y cenaré con él”. (Apocalipsis) Si alguien, es decir, cualquiera, la sola condición es la de abrir, la llamada es indiscriminada, no preselecciona al comensal. Desde una sana idea de ‘creación’, desde un planteamiento religioso hecho desde la racionalidad, rotundamente, no cabe la noción bíblica de “elección” salvo como lenguaje antropomorfo del orgulloso seleccionado.

La encarnación sin medida de Dios en el ser humano es tanto  como decir que el objetivo y fin últimos de una conciencia abierta al Infinito es alcanzar la Plenitud de que el ser inteligente es capaz. Ahora bien, dado que la Plenitud de Dios es inigualable ningún cielo imaginado será una situación de reposo aburrido. Ver a Dios “cara a cara” es introducirse en un chorro de plenitud de gozo desbordante,  siempre creciente y renovado.

Tal es la evolución constructora de nuestro ser NATURAL en virtud del proyecto creador. Ningún añadido “sobre-natural” por parte de Dios es pensable. A ninguna mediación tiene por qué subordinar Dios su cercanía plenificadora. Las mediaciones (nunca exentas de pecado), religiones, iglesias, símbolos, instituciones, liturgias, procesiones se las busca el ser humano desde su necesidad expresiva en su precariedad de caminante

III.3  Al encarnarse el Logos en la persona le confiere su dignidad absoluta.

El progreso de la humanidad ha buscado una base consensuada en la que se asienten los derechos y libertades humanos, de los que en parte y contra toda lógica se desmarcó la Iglesia persiguiéndolos incluso. No obstante la base de derechos y libertades nadie niega ya que estriba en la ABSOLUTA  DIGNIDAD del homo sapiens, para creyentes y no creyentes. Por más que el calificativo de ‘absoluta’ encuentra en el no creyente tal vez un soporte teórico de menos clara justificación lógica: ¿merece alguna realidad la consideración de absoluta?

Dios se encarna en todo ser humano y lo hace inviolable por principio. Es su imagen, su icono, su misma carne visible. ¿En qué medida somos conscientes de ello? Al menos actuamos como si lo fuéramos. Vivimos inevitablemente siendo el centro del universo. El egocentrismo es inevitable, a no confundir con el egoísmo. Es imposible no referir todo al yo, sensaciones emociones, conocimientos, penas y satisfacciones, pasado y futuro. La consciencia es percibir todas las cosas desde la propia idntidad. Así es el ser de la naturaleza inteligente. El gran filósofo que fue Tomas de Aquino asegura que seríamos incapaces de abrirnos y amar a Dios si no lo percibiéramos como un bien para nosotros. Basta observar nuestro comportamiento espontáneo en cualquier tertulia: sólo una actitud educada aprendida nos frena y mantiene discretos sin permitirnos caer en el ridículo de acaparar la atención como centro principal. Aunque el reflejo de la madurez nos preserve del narcisismo es inevitable - y natural- que nuestro yo actúe de algún modo como un absoluto. Es la raíz misma de nuestra dignidad  como persona la que no tolera la injusticia ni siquiera ser reducidos al papel de simple instrumento o medio para algún fin. Lo que vivimos y defendemos como dignidad inalienable ¿no es la forma de entendernos como un existencial  absoluto? Para el creyente es la salpicadura del Infinito de Dios de quien nos decimos imágenes, iconos vivientes. Ello hace que la persona nunca pueda ser simple parte de un todo y aquí radica la razón última de la democracia. El individuo, él mismo, es un TODO, único e irrepetible, radicalmente solo en su grandiosa mismidad. Sólo algo o alguien a su lado que no lo anule puede serle compañía en su inevitable soledad. Para un ser no pegado a la epidermis de las cosas  Dios habita esa soledad con tal plenitud que un preso aislado en una celda si pudiera abrirse a su realidad profunda se sentiría inundado de fuerza y de luz. El Padre Damián besaba y abrazaba a los leprosos en los que veía a Dios.

III. 4  Creaturalidad insaciable, abierta al Infinito

Hay más. El conocimiento humano es de tal índole que su capacidad de percepción es, de por sí mismo, ilimitada salvo por su soporte neuronal . Ninguna realidad limitada puede brindarle un reposo total: siempre hay más realidad de ser que abarcar, nunca puede estar saciado. Y arrastrada por el conocimiento la ansia de felicidad es inagotable. Como dije antes ni la unión con su máximo Bien conoce un tope. Sin duda no lo hay por parte de la plenitud de Dios pero tampoco cabe entender que lo haya por parte de la criatura. No se entiende desde qué condicionante su capacidad cognitiva y volitiva podría alcanzar un “no va más”. Rigurosamente hablando  ”en la misma medida en que la mente es imagen de Dios puede abarcarlo (”capax Dei”) y participar de él” (Agustín de Hipona). La simple creación abre a la Plenitud del Infinito en conocimiento y felicidad. La condición de “capax Dei” no acaba de recorrer el camino hacia la unión máxima posible porque Dios es inagotable.

La simple contemplación de tal rebosamiento sin medida de Dios sobre el ser humano hace redundante e imposible cualquier complemento. Es decir si el ser humano por su simple creaturalidad es “capax Dei” no es pensable ningún otro don que se le pueda añadir: cualquier meta-creaturalidad, cualquier sobre-natural es inconcebible.

Es claro que la criatura es precaria y defectible (único contenido del mito del pecado original) pero sería una creación a medias la que no la dotara de todas las capacidades para recuperarse si falla, enderezarse si se tuerce, SALVARSE en suma y alcanzar por su propia fuerza creatural (es decir, cimentada en el Fundante óntico) la Plenitud a la que hemos visto que estaba destinada. Mediante el misterio de la Creación todo lo divino queda introyectado en cada criatura, según su propia receptividad y cualquier otra pretendida “intervención” salvadora divina es redundante y supérflua. Al parecer - y no percibo haber dado ningún paso en falso lógico o metafísico hasta este momento- la simple razón humana se basta para satisfacer las exigencias de entendimiento de la andadura humana hacia Dios.len sin que el resto de los “misterios” de la historia santa El        El resto de los “misterios” de la historia santa sólo servirían como apuntes mitológicos desde una lectura literal (fundamentalismo) de la Escritura. Y merecería la pena hacer un recorrido para descubrir cómo se han construido desde presupuestos injustificados, tal el pecado original que exige un redentor, tal la unicidad exclusiva de la salvación universal por Cristo a la que se agarran quienes infravaloran su función de prototipo ejemplar (que da sentido nada menos que al “seguimiento”).

En resumidas cuentas, es el mismo Dios quien hace emerger en la cumbre de la evolución cósmica una criatura insaciable cuyo destino natural es la máxima unión con su Creador (resurrección-plenificación) para cuyo cometido ha sido pertrechada con todos los medios oportunos.

III. 5  La unión con Dios nunca alcanza la identidad con él.

Éste puede considerarse como un axioma de orden ontológico estricto: expresa simplemente la diferencia irreductible entre creador y criatura, finito e Infinito. Estando convocada la creatura a la máxima unión no cabe pensar que al lograrlo pierda su propia identidad disolviéndose en el Ser creador. Una unión que se consumase en la fusión en una de las dos realidades sirve como metáfora mística o como afirmación de panteísmo estricto que dudo que éste sea el fondo del pensamiento oriental tan difícilmente descifrable para la mente occidental. Ni siquiera la imagen de la gota de agua que se pierde en el océano puede ser algo más que un símil de la unión mística con Dios: las moléculas de la gota se añaden a las del océano confundiéndose con él sólo en apariencia.

Estas afirmaciones no restan fuerza a la realidad de la unión mística, al contrario. Cuando el ser humano se va uniendo espiritualmente a Dios en modo alguno se pierde sino que se gana plenificándose en él. Nunca mejor aplicación de las palabras de Ireneo de Lyon “gloria Dei, vivens homo”, Dios manifiesta su gloria en que el hombre VIVA y, en el fondo, que viva permaneciendo para siempre en su máxima realidad de imagen del Dios vivo. El proceso de progresiva unión con Dios, especialmente en su culminación, debe ser indescriptible y de una fuerza ejemplarizante y de arrastre sin par con capacidad de polarizar corazones y dejar huella indeleble en la historia. Una persona que vive la unión con Dios en grado de excelencia revela a otro ser humano lo mejor de sí mismo y le abre caminos insospechados. Así son los verdaderos Maestros en humanidad.

En cambio no parece pensable para el verdadero ser humano en camino hacia Dios ninguna situación intermedia entre la unión y la identificación, ningún ser mitológico mitad hombre mitad Dios, en parte criatura en parte creador.

(Sigue III. 6   Dios se encarna en ‘los otros’)

(Seguirá IV   Dios se encarna en Jesús de Nazaret  y V Resurrección natural plenificante)

Logroño 17 abril 08

11 comentarios a “III. El SER HUMANO, MÁXIMA ENCARNACIÓN DE DIOS.”, por orden inverso a la llegada (el último arriba)

  1. Mª Luisa

    No me extraña que Maria Rosa extraiga de mi anterior comentario la conclusión de que en Jesús se unifique lo de la conllevanza con lo de su vivencia respecto al Padre. Lo mismo digo de la mediación de la que nos habla Maite. Yo también creo que es así al representar ambos elementos caracteres a seguir del camino que Él nos ha dejado.

    En efecto, porque en las relaciones interpersonales esa conexión es algo que necesariamente lo trae implícito el mismo proceso evolutivo de la persona respecto a la realidad y respecto a las demás personas con las que convive, pues como el proceso es asimétrico lo que de evolutivo tiene responsabiliza personalmente a la conllevanza.

    Sin embargo y a pesar de que en la práctica por su misma inestabilidad esta situación ha de ser superada, la cosa se complica cuando uno de los dos polos (fe que se seculariza y fe que se radicaliza) que no es, evidentemente, el que se seculariza, manifiesta una radicalización del posicionamiento que viene propiciado por el hecho mismo de envolverse y confundirse con los dictámenes de la oficialidad clerical que siempre esta ahí presente y sin apenas necesidad, por tanto, de que ésta le salga al paso. Esto lo saben, también, muy bien los que al sufrir la exclusión por actualizar la teología y para hacerla comprensible, además se ven acosados por los incondicionales a la oficialidad. Es esa una fuerza ficticia pero potente que incide en el proceso mismo y que mina todo adelanto que pareciera en principio abrirse paso.

    Por supuesto que lo dicho no es más que la reiteración de una realidad que todos ya sabemos por eso yo a lo que aspiro es a bucear por los entresijos de la personalidad que como además de tener psiquismo las personas somos realidad miro hacia dentro de ellas para preguntarme qué es de lo que potencialmente carecemos cuando en nuestras relaciones se impone más lo ideológico que lo personal.

    Ya ves que sigo rumiando, Juan Luis.

    Un saludo cordial a todos

  2. Juan Luis Herrero del Pozo

    Olvidé señalarte, MªLuisa,que rumies bien ese punto respecto al ‘conocimiento’ que dices te viene y se te vuelve a ir. Intuyo algo de interés. Tómate tu tiempo, rúmialo y busca una formulación clara. Cordialmente. Juan Luis

  3. Juan Luis Herrero del Pozo

    Ya sé, querida MªLuisa, que estampos desde hace tiempo en el mismo barco. Hoy insistes en los aspectos interpersonales…¡estupendo! A ver si encuentras algo aprovechable en la 2ª parte del ‘Dios se encarna en los otros’que va a servir de introducción y marco al ‘caso’ particular de Jesús que, pese a mi carga de contradicción existencial, cada día me fascina más

  4. Maria Rosa Blazquez

    Me ha gustado lo de la conllevanza y la convivencia. Creo que Jesús conllevaba y convivia. Y creo que este es el camino. ¿No es la com-unión encuentro plural? Hace poco tuve la oportunidad de hablar con miembros de la iglesia Testigos de Jehová. Fue una charla constructiva y edificante sobre el ecumenismo. Propuse en la conversación algo tan simple como: “¿Qué nos une? Pues olvidemos lo que nos separa.” Quizás a eso se le podría llamar conllevanza pero seguro que puede llegar a ser convivencia.
    Quizá Mª Luisa se refiere a algo más cercano, la convivencia o conllevanza con cristianos de la misma iglesia (o a algo más personal). Hay un único handicap para conllevar o convivir: la intransigencia del otro, el integrismo, el fundamentalismo, el fanatismo. Porque en estos casos no existe la voluntad de dialogar. Eso sí que es de mal llevar.
    He revisado últimamente la película La lista de Schindler. Hay una conversación antológica entre el comandante del campamento y Schindler en el que éste último le dice al primero: El poder se demuestra con el perdón, con la bondad. Y es tan convincente su argumento que provoca una reflexión y un cambio de actitud (momentáneo) en el comandante, que en su obsesión por mandar, de ejercer el poder, perdona la vida a más de un prisionero.
    Habla Maite Lesmes sobre la mediación. La mediación según mi entender se encuentra en lo más íntimo de nuestro ser “el Sentido íntimo”. Luego existe, a mi entender, la relación con los demás. De la que también se nutre nuestro ser íntimo. Por tanto creo que Jesús, vivió la mediación del Padre en su fuero interno, y en la relación con los humanos el destino para desarrollar su obra. No olvidemos que Jesús es el paradigma del Hombre al que tendemos todos los humanos.

  5. Mª Luisa

    Verás, Juan Luis, le estoy dando vueltas al asunto, unas veces lo tengo claro y otras parece como si se me escapase de las manos, pero con todo sin embargo, no dejo de consultar este portal pues precisamente de él me nutro.
    Ya sabes que el problema que aspiro resolver no está en la comprensión de tus textos que, para vivir esta nueva realidad entran como un guante en mi mente, sino cómo hacer para vivirla con los más próximos sin perder autenticidad relacional. Es decir, la conversión paradigmática se impone de tal manera que, con respecto a las relaciones personales, de lo que se trata, salvando las diferencias, es poder pasar de la “conllevanza” a la convivencia. En fin estoy en ello.

    Un abrazo.

  6. Maite Lesmes

    He reflexionado sobre la novedad y la libertad de Jesús, que no necesitó las mediaciones existentes,
    para lograr su sintonía con Dios. Sin embargo, Jesús tuvo que utilizar otras mediaciones, más depuradas, menos tóxicas; podríamos encontrar cuáles, pero mediaciones al fin y al cabo.
    Como cualquiera de nosotros, más desde que desarrolló la conciencia de su función, se preguntaría “¿Quién soy yo, cómo quiero construir mi vida, qué puedo hacer, con quién, qué me parece valioso…?”
    Algo así debía rondarle la mente, para lo cual eligió lugares y tiempos de soledad y reflexión. Así lo interpretan los evangelios. Otras veces necesita determinadas personas, hombres y mujeres,
    con quienes convivió… Hay una franja de la vida de Jesús de la que no tenemos noticias, precisamente la que le sirvió de preparación para comenzar su vida “pública”, que duró unos tres años, dicen.
    Como cualquiera de nosotros, descartaría primero lo que “no” quería ser ni hacer, y aprendería por imitación, por la imagen que le rebotaran los otros, también a través del error… quién iba siendo y cómo ir ponièndolo en práctica. Uno no puede crecer sin mediaciones. Todo lo que nos rodea nos sirve de puente o de obstáculo para seguir adelante, recto o en zigzag.
    Y también él utilizó mediaciones para que nos quedara claro su mensaje. Sus gestos, sus dichos, su modo de vida, qué son sino mediaciones para nosotros?

    La tendencia que tenemos a convertir lo ordinario en extraordinario, lo natural en sobrenatural.., hace que nos inventemos milagros, necesidad de sacrificios, predilecciones o castigos divinos… como señal de que lo divino ha de ser de otra pasta, o de otro modo el vivir no tiene mérito.
    Me ha convencido, desde la primera vez que se lo leí, el lema de Juan Luis: “Cuanto más humano, más divino. Cuanto más divino, más humano”. Vale para Jesús y para cada uno de nosotros-as.

    Y porque somos humanos, es decir, limitados, necesitamos mediaciones. Jesús no podría ser una excepción.

  7. Juan Luis Herrero del Pozo

    Te aseguro, Mª LUISA, que sigo muy interesado por lo que amagas en tus comentarios aunque no percibo todavía con claridad el fondo de tu pensamiento ¿Por qué no reflexionas cómo formular algo que tú pareces ver tan claro y que probablemente puede ayudarnos a otros? Abrazos

  8. Maria Rosa Blazquez

    Hablaba el Dalai Lama en una entrevista de las emociones positivas y negativas del ser humano.
    Decía que conseguir el equilibrio entre estas dos fuerzas humanas por excelencia era lo que nos determinaba hacia el Bien o hacia el Mal.
    De forma que vivir en el Bien significa reconocer y equilibrar las emociones positivas y negativas. Tan importante es este equilibrio que una persona intel.ligente y culta si no posee este equilibrio puede provocar el Mal, decía.
    Esto me lleva a la reflexión que todos somos acreedores del bien y del mal. Todos llevamos la huella, el cliché positivo y negativo, el libre albedrío, aquello que nos hace humanos y responsables de la creación o inhumanos y responsables del caos.
    Creo que la encarnación no sólo se realiza en Jesús de Nazareth sinó en todos y cada uno de nosotros. El desarrollo total de nuestra humanidad nos acerca al Creador para los creyentes y al grado máximo de conciencia para los no creyentes.
    Conocer es el elemento clave para continuar la creación. Y en este conocer no hacen falta las mayorías absolutas. De tal forma que podría decirse en verdad que el nuevo paradigma ya está aquí. Porqué ya son muchos en todo el mundo que han entendido y emprendido los Caminos Nuevos.

  9. Mª Luisa

    Quisiera decir que desde mis últimos comentarios en este apartado de Secularización y fe hasta el presente, no me ha abandonado el afán para avanzar sobre la cuestión que tanto me viene preocupando y que tiene que ver con el tema. Me refiero a la actitud de incomprensión que se establece entre una fe que se seculariza y una fe que se radicaliza. Por todo esto para averiguar porque se da esta incomunicación entre cristianos me atreví a arrojar aquí algunas reflexiones reconociendo, sin embargo, que ni antes ni ahora, todavía, las he madurado lo suficiente.

    Si no fuera porque durante este tiempo, lecturas diversas parecen respaldar la premonición aquella consistente en que lo importante para afrontar el nuevo paradigma es profundizar en nosotros mismos de tal modo que descubramos que no sea el yo del ser el que ha de actuar en la intelección de la Realidad sino el yo de la realidad que “somos”, que por eso y sólo por eso hay verdadera intelección. Si no fuera por esa convicción, digo, ya hubiera abandonado.

    Esto, igual como yo que al sentir pasión por la filosofía y aprovechando mi circunstancial dolencia, la de no poder saborear realidad alimenticia alguna, intenté explicarlo a través de la metáfora del “sabor” y del “saber”, Mario Cervera lo explica, en otro hilo, con su metáfora “Eclipse de Sol”.

    Verlo así me da la oportunidad de seguir avanzando en aquella idea, puesto que por la misma razón que él expresa que la luna (la institución) ha producido un eclipse en nuestra mente de igual modo expreso en la metáfora endógena que creyéndonos a veces que saboreamos la realidad verdadera no es tal cosa sino la aceptación gustosa por lo que tiene de elaborado institucionalmente nuestro alimento espiritual.

    De momento lo dejo aquí, un saludo

  10. Fina Blàzquez

    Juan Luís HERRERO DEL POZO

    Dice el Punto II:

    ¿Quien soy? ¿Qué hago aquí? ¿En qué me afano? .. ¿De donde vengo?.. ¿A donde voy? … ¿Alguien me oye cuando “pido ayuda” para mi dolor?
    y termina expresando un pensamiento que nos asalta tal vez de pronto, en cuanto a preguntarnos :
    ¿Son éstas qüestiones, fantasias o aproximaciones a la emergencia de la mente inteligente?

    Creo sinceramente que son aproximaciones importantes a nosotros mismos. Pués entiendo que somos el centro de nuestro universo interno. Aunque pertenezcamos al mismo universo general
    donde se generan continuamente Hombres que se repiten las mismas preguntas. (Así como hombres y mujeres que no se las formulan nunca; y de entre todos algunos otros, no encuentra ninguna solución, y abandonan la búsqueda, porque no les conduce a parte alguna de fiar)

    La coincidencia en las respuestas en tantos y tantos, no obstante, nos deja ver que
    “como dice la teoría de JUNG” existe como mínimo un algo llamado Conciencia General o Colectiva” que es la fuente de respuestas, si podemos conectar con ella.

    Sin embargo, entiendo -siguiendo la lección- que más allá de lo dicho se halla la dimensión que llamamos de la “mística”; y que es otra cosa.
    Porque..

    // La unión con DIOS significa o conlleva, superar este nivel de conciencia, -que depende del grado de conciencia colectiva obtenido de la suma ponderada de la conciencia de todos-
    “y pasa a ser camino de auto-conocimiento” . Como GOTA de agua individualizada, que yendo a parar al mar, sólo aparentemente forma un todo con él. Pués que en realidad el mar está formado por billones, billones y billones de gotas de agua.

    Y pienso y creo, que cuando una persona vive en intensidad y conciencia su grado -en crecimiento- de unión con DIOS y lo comparte, abre caminos de conocimiento beneficioso, a los que pueden oirle.

    Aunque el profesor HERRERO añade con razón :
    “La persona que vive en grado de excelencia la unión con DIOS, revela a otro ser humano lo mejor de sí mismo y le abre caminos insospechados. Pués así son los verdaderos Maestros de la humanidad.

    Con todo afecto un saludo

    Fina Blàzquez

  11. carlos alejos

    Dios esta en la creación, todo es bueno por su presencia. Somos nosotros los que vamos muvhas veces desvirtuando esa presencia y hasta como queriendola desencarnar de la humanidad, de la historia , de la vida. La tarea vital es contrarestar esos pasos equivocados y volver al Dios con nosotros.

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